20 personas tratando de resolver algunas preguntas que parecen imposibles: ¿cuántos ejemplos de vida han quedado silenciados en la soledad de nuestros últimos días? ¿Y cuántos talentos escondidos no pudieron resplandecer como debían de haberlo hecho? Obviamente, nadie tiene la respuesta, pero algo nos dice que la historia de la humanidad también se define por todo ese capital inspirador olvidado e irreversible.

Creo que la historia de cada persona es patrimonio de la humanidad”, afirma Emiliano Polcaro, psicólogo clínico argentino, convencido de que hoy más que nunca se puede ganar la batalla al olvido. Se dio cuenta en el año 2012, durante una visita al Museu da Pessoa de Sao Paulo (Brasil).  Un lugar que trasciende los límites de un museo clásico donde no se privilegia la genialidad, las vanguardias o lo exótico. Allí, sus más de 16.000 piezas a observar son historias de vida que, por voluntad propia, abandonaron su anonimato y prestaron sus testimonios o experiencias para que otros puedan conocerlas. O simplemente, por la necesidad primaria de expresarse. No hay espacio para las musas ni las vanidades. Sólo historias de vida cotidianas.

Como la de una mujer brasileña que, con apenas 15 años, se vio sorprendida por el amor de un hombre. Lo dejó todo por él y en los años que le duró el matrimonio se forjó una carrera como estilista y guionista de cine. Todo con un sólo propósito: conocer al director español Pedro Almodóvar para entregarle un guión de cine escrito por ella misma. Algo que todavía no ha conseguido, pese a haber ahorrado el dinero suficiente como para viajar a España para entregárselo en mano. Nada de intermediarios.

Más allá de las Malvinas y la Dictadura

Emiliano Polcaro quedó deslumbrado por la simplicidad de la idea y las múltiples aristas que se abrían para la ciencia social y la construcción de relatos colectivos. Por eso hubo más visitas. Esta vez para hacer varios cursos sobre tecnología social, espacios de la memoria o mediación cultural e innovación. Así se empezó a tejer la idea de impulsar a nivel latinoamericano una Red Internacional de Museos de la Persona. Y claro, el primer paso fue su Argentina natal.

La historia oral como herramienta de investigación tiene una mayor presencia en Argentina que en Brasil. Pero los proyectos que la recogen tienen como población-objetivo aquellas personas involucradas en un acontecimiento específico: la dictadura militar, la desaparición de personas o los excombatientes de la guerra de las Malvinas”, afirma Emiliano.  Sin embargo, rechaza la idea de que la sede argentina sea exclusivamente para esas voces que no encontraron su lugar. Lo fundamental no es tanto crear un espacio diferenciado como que ambos puedan complementarse.

Cualquier museo que se una debe concebirse como abierto y colaborativo y entender las historias de vida de cualquier individuo como una fuente de conocimiento, comprensión y conexión entre las personas y los pueblos”, explica.

Una fotografía y muchas palabras

Con esa premisa, en 2014 recibió el apoyo financiero del programa iberoamericano IberCultura-Viva gracias al cual pudo constituir legalmente el Museo de la Persona en Argentina.Y con él, su nítida filosofía: todo el mundo tiene una historia que contar y ésta puede cambiar la forma en la que se percibe el mundo.

El apoyo de IberCultura Viva también le sirvió a Emiliano para que varios miembros del Museu da Pessoa de Sao Paulo (entre ellos su directora, Karen Worcman), impartieran el pasado mes de noviembre una parte del curso ‘Tecnología Social de la Memoria’ a un grupo de alumnos en la Universidad de Belgrano (Buenos Aires). Uno de los ejercicios consistió en que cada alumno recibió una fotografía y, a partir del contenido, ir más allá de lo visible. ¿Acaso cuando vemos la foto de nuestros hijos no afloran sentimientos diferentes que nadie más aprecia? La idea era saber controlar e inmortalizar todo ese caudal emocional de instantes pasados, de romances que pudieron ser, del hedor de una felicidad pretérita…en definitiva, alcanzar una de las máximas de toda expresión artística: visualizar y materializar lo trascendente. Pero también, que el mínimo detalle de nuestro relato vital puede iluminar el futuro de quien nos lee, observa o escucha.

En total fueron 20 personas las que iniciaron el curso y las que se enfrentaron a preguntas imposibles. Las mismas 20 personas dispuestas a que sus historias sean las primeras en permanecer indelebles al paso del tiempo.

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Emiliano Polcaro (en el centro e inclinado con camiseta gris y con la mano sobre el mostrador), con los alumnos del taller ‘Tecnología Social de la Memoria’.

José Albil | @Ortizalbil

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