Muy poca gente en el barrio bogotano de Lisboa de Suba conoce la existencia de un túnel a través del cual muchos niños y adolescentes logran conocer una Colombia diferente. Es como aquel relato de Edgar Allan Poe titulado ‘La carta robada’ en el cual la investigación de un robo se complica por obviar las pistas más elementales precisamente por ser demasiado evidentes. Lo mismo ocurre cada día en el barrio Lisboa: quizá todos hayan pasado alguna vez por el túnel, pero muy pocos son capaces de reconocerlo.

Sin embargo, ese punto de evasión poco tiene que ver con El Puerto, un humedal cercano que con el tiempo quedó como una zona de encuentro para ñeros y toxicómanos. El túnel –que en el fondo es una simple calle-, une la Biblioteca Comunitaria Il Nido del Gufo con la plaza del mercado. “Es una metáfora”, explica Catalina Jurado, gestora cultural y una de las promotoras del proyecto «Colombia un paseo literario: por el reconocimiento y reencuentro con mis raíces». Una iniciativa que busca fortalecer el tejido social promoviendo la diversidad cultural del barrio. “Es una estrategia de armonización de las diferencias a través del arte en un territorio caracterizado por la pluriculturalidad y la diversidad y que ha acogido por décadas población desplazada. Esto hace que la cultura converja y se vislumbre al transitar por sus calles”, apunta.

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Imagen de uno de los paseos literarios. Fotografía: Il Nido del Gufo.

Algo más que patacón y sodas

Es fácil pasear por los alrededores de la asociación y ver a Alejandro, uno de los mediadores, explicando a un batallón de niños lo que va a suceder en cuanto atraviesen el túnel camino de la plaza. Porque al otro lado, aunque no lo parezca, hay una Colombia diferente. Así fue como descubrieron que la mujer que acostumbra a situarse en la esquina de la calle 134 friendo patacón guardaba una historia de migraciones y superación. Su nombre es María y es una afrodescendiente que un día dejó su vida en la costa del pacífico con la intención de ganarse la vida friendo plátano machacado y refrescos. Pero también, que no puso ninguna pega cuando Il Nido del Gufo le pidió el favor de entrar en el juego para explicar a los niños cómo fue su infancia lejos de aquel barrio, sus juegos y sus recuerdos musicales. El recuerdo ajeno y la nostalgia como elemento fundamental para que otros entiendan y valoren las bondades de su presente. “Los niños reconocen en su tránsito los personajes, historias, costumbres, prácticas y objetos identitarios. Es allí donde los lenguajes artísticos cobran su valía pues les aportan herramientas de pedagogía que motiva a respetar y convivir en armonía”, explica Catalina.

El proyecto hay que entenderlo como un proceso en el que el entorno se reinventa aplicando herramientas como los laboratorios sociales infantiles, la literatura y escritura autóctona, juegos tradicionales, tradición oral, arte popular, entre otros. En todos ellos participan niños y adolescentes agrupados en función de sus capacidades, potencialidades, gustos e intereses. Una estrategia que desde 2013 recibió el apoyo financiero del Ministerio de Cultura de Colombia y en 2015 del programa iberoamericano IberBibliotecas.Gracias al premio logramos dar visibilidad a un sueño, además de garantizar la continuidad de los procesos de formación y su fortalecimiento con herramientas tecnológicas, digitales, bibliográficas, mobiliarias y de materiales e insumos a los que generalmente no habíamos tenido acceso”, detalla Catalina.

La experiencia nos ha transformado a todos como comunidad”, afirman desde la biblioteca comunitaria, haciendo énfasis en la capacidad de transformación que están teniendo los laboratorios en general y especialmente el de tradición oral. “Dejará una pieza audiovisual única desde la cual se documenta la historia de creación del barrio y la prospectiva de lo que los niños y niñas piensan a futuro para nuestra comunidad”.

Ernest Hemingway afirmaba que cualquier joven que hubiera vivido en París siempre tendría la suerte de que la ciudad le acompañaría el resto de su vida. Porque París es una fiesta que nos sigue… una fiesta móvil que no se acaba nunca. Quizá como aquel paseo guiado por Alejandro en el que los niños conocieron a María y no encontraron mejor modo de agradecerle su historia de vida que cantándole una serie de arrullos chocoanos en medio de la plaza. Y como a ella, a centenares de personas y comerciantes que diariamente deambulan por el barrio con sus cientos de historias por descubrir. Para ese grupo de niños capaces de atravesar túneles imaginarios, ¿hay alguna diferencia? ¿Acaso ese Bogotá que sólo ellos pueden ver no les acompañará toda la vida como una fiesta móvil que no se acaba nunca?

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María, en el centro de la imagen, explicando a los niños su experiencia de vida. Fotografía: Fan Page Facebook ‘Il Nido del Gufo’.

José Albil | @Ortizalbil

 

 

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