Liliana María Palacio fundó su compañía de títeres Manicomio de Muñecos convencida de que la dramaturgia, aunque fuera con muñecos de trapo y decorados de cartón, podía contribuir al desarrollo de la infancia en una ciudad como Medellín. Cuando lo hizo corría el año 1975 y nunca fue un inconveniente que se empezaran a vislumbrar los años de plomo y narco que marcaron el destino de la ciudad durante décadas. Como tampoco importó que ese primer paso lo diera siendo una niña de apenas diez años de edad.

¿Qué puede aportar una función de títeres a la integración de niños y niñas en los estratos más desfavorecidos de Medellín? Liliana lo tiene claro: “Los títeres son el primer contacto que tienen los niños con todas las artes: en la historia vemos la literatura; en la escenografía, los muñecos, la utilería, el teatrino y la iluminación vemos las artes plásticas; está también la música que apoya la obra y, obviamente, la actuación”, explica. La dramaturgia, al servicio del desarrollo y crecimiento intelectual de la infancia.

Lo supo entonces y lo sigue poniendo en práctica hoy, 41 años después, mientras sigue enfrentándose a las heridas sociales dejadas por el narco y el posterior conflicto del estado colombiano con la guerrilla y el paramilitarismo. O con ambos a la vez. En cualquier caso, una inestabilidad socio-política que hoy siguen lastrando a una ciudad cuyos niveles de pobreza e indigencia siguen estando por encima del promedio de las principales áreas metropolitanas de Colombia. Algo que tiene su repercusión en el barrio La Castellana de la Comuna 11 Laureles-Estadio (el lugar donde se tiene su sede Manicomio de Muñecos).

Cooperación y niños universitarios

Desde el primer momento Liliana supo que no iba a ser suficiente con escenificar las obras. Así fue como aquel Manicomio de Muñecos soñado cuando era todavía una niña amplió sus competencias hasta convertirse también en un centro de formación para futuros titiriteros y técnicos. Un universo propio e inclusivo alrededor de los títeres al que se unió en 1990 Alejandra Barrada, la actual codirectora, y donde la cooperación con otras compañías resulta fundamental para extender la magia. El último ejemplo data de 2015 cuando de la mano de las organizaciones Fundación la Tortuga TristeTrotasueños de Cartagena y la argentina Agárrate Catalina, lograron que el programa iberoamericano IberCultura-Viva financiara una parte del costo para desarrollar el ‘Tiritifestival’ en las ciudades colombianas de Cartagena, Medellín y Popayán.

Después llegó el mismo reto de los últimos 41 años: localizar a los beneficiarios. “Cada festival tiene diferentes formas de seleccionar el público. En Medellín los grupos invitados realizan cuatro funciones como mínimo. Tres en nuestra sala, de las cuales una es para el público general y las otras para escuelas de estratos 1,2,3. Esto significa niños de poblaciones vulnerables económicamente hablando”, indica Liliana, quien también apunta que otra de las funciones se realizará en la Universidad EAFIT para beneficiar a los hijos de los alumnos dentro de su programa ‘Universidad de los Niños’.

La primera representación tendrá lugar el próximo 27 de septiembre en Cartagena, continuarán el día 30 en Medellín para finalizar ya en el mes de octubre en Popayán. Todos ellos con un objetivo: beneficiar a alrededor de 2000 jóvenes. “Solamente en Medellín beneficiaremos a más de 700”, puntualiza Liliana. Sin duda, un dato importante para alguien que sabe lo que es promover la inclusión en una ciudad que durante décadas resultó indomable.

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Liliana María Palacio

José Albil | @Ortizalbil

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