El origen de este post es la siguiente frase: “¡Ay las afectividades del LabIC!“. La pronunció Sara Calvo, una de las participantes del último laboratorio de innovación ciudadana (LabIC), organizado en Brasil por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). El proyecto del que fue parte, Redes de Telecomunicaciones Comunitarias, compartió espacio con otras iniciativas ciudadanas enfocadas a resolver problemas de la región iberoamericana. Desde localizar focos de dengue a impulsar el valor ecológico de las favelas instalando jardines en los tejados. 

Durante 15 días se desarrollaron un total de 12 proyectos elegidos en una convocatoria pública abierta a los 22 países iberoamericanos. También, los 108 colaboradores con perfiles profesionales y académicos alineados a las necesidades de los proyectos. Es decir, hablamos de un proceso concebido inicialmente desde una perspectiva lógica y mensurable. Y así permanece hasta que arranca el LabIC y empiezan a florecer las afectividades. O como diría un especialista en neurociencia: hasta que entra en juego la inteligencia emocional, que no es otra cosa que la habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las emociones propias y ajenas procurando un crecimiento emocional e intelectual.

La respuesta está en el elemento común que comparten todos los participantes del LabIC al margen de su país de origen, estatus social o formación académica: las emociones. De ellas afloran actitudes empáticas y sociales, permiten que aumenten comportamientos prosociales, acentúan la capacidad de trabajo en equipo y ayudan a comprender los sentimientos de los demás, entre otras cualidades. La tesis científica, por tanto, se resume en que neurológicamente las certidumbres trazadas en una oficina de Madrid se topan con las emociones del trabajo en terreno y ambas empiezan a modificarse. Y los proyectos también.

Conectando Cidade de Deus

El proyecto Redes de Telecomunicaciones Comunitarias consistió en enseñar a los habitantes de la favela Cidade de Deus a crear una red libre de comunicación. ¿Cómo se manifestó la inteligencia emocional? A grandes rasgos destacamos dos aspectos:

1.- A partir del carácter multicultural de su equipo de trabajo: más de la mitad de los colaboradores provenían de países diferentes al lugar donde se iba a implementar el proyecto. Así, visiones y conocimientos sobre redes libres llegados de Argentina, Bolivia o Colombia se pusieron al servicio de un problema brasileño. La tarea exigió hacer propias las limitaciones y necesidades de la favela con el fin de elaborar los materiales docentes que iban a ser impartidos a la población. Un reto pedagógico que exigió desde huir de los tecnicismos más complejos hasta recuperar evidencias teóricas casi olvidadas como la configuración básica de un router.

2.- El trabajo en terreno, el cual supuso proyectar la teoría frente a la realidad de la favela. Algo que incluso se adelantó en el calendario pues fueron los propios miembros de Cidade de Deus quienes colaboraron a voluntad propia en la fase teórica. La empatía resultante quedó refrendada en la clausura del LabIC cuando participaron en la ponencia final del proyecto frente al Ministro de Cultura brasileño, Juca Ferreira. También, cuando varios colaboradores alargaron su estancia en Río para seguir trabajando con la comunidad.

Rumbo a Cartagena de Indias

Si formulamos la pregunta para el resto de proyectos desarrollados en Brasil, en la respuesta también encontraríamos palabras como empatía, procomún o afectividades. Ahora bien, esta esencia emocional poco difiere de la que generan los Programas y Proyectos del sistema de cooperación iberoamericano actuales. ¿Existe alguna diferencia entre la gratitud actual de los habitantes de Cidade de Deus y lo que sintió un grupo de actores que accedió al fondo IberEscena para representar su obra? ¿Y entre los miembros de una organización que gracias a IberArchivos puede seguir digitalizando documentos históricos para reparar a las víctimas de la dictadura chilena?

Desde la perspectiva de la cooperación al desarrollo sería más oportuno determinar cuál es el valor añadido del LabIC. La respuesta, sin embargo, exige ir más allá de la definición que sitúa a la ciudadanía como un ente activo que propone soluciones. De hecho, un requisito para acceder a cualquiera de los Programas y Proyectos iberoamericanos es precisamente ese. Un aporte diferencial del LabIC es proporcionar a las iniciativas ciudadanas un reconocimiento institucional en su fase embrionaria dotándoles de un marco de desarrollo multicultural. Este aspecto es fundamental para generar un sentimiento de pertenencia puramente iberoamericano donde un ciudadano ecuatoriano, un español o un argentino unen esfuerzos para solventar un problema colombiano, por ejemplo. Sin olvidar que la capacidad de replicar dicha solución en otro país se amplifica precisamente por la diversidad y el intercambio de visiones.

El siguiente laboratorio tendrá lugar el próximo mes de octubre en el marco de la XXV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado que se celebrará en Cartagena de Indias (Colombia). En él se desarrollarán proyectos específicos sobre inclusión y la accesibilidad de poblaciones vulnerables y supondrá otra demostración de que el espacio iberoamericano es, ante todo, una construcción emocional. O como percibió la colaboradora Sara Calvo en Brasil, un espacio ideal para que vuelvan a surgir las afectividades…¡Ay las afectividades!

José Albil | @Ortizalbil

 

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