De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”, dijo Salvador Dalí tras una visita a Latinoamérica. Hoy, la frase hay que entenderla como una hazaña y no tanto como un reproche pues el ‘Divino Dalí’ apenas rompió su rutina de viajes entre París, Cadaqués y Nueva York. Un itinerario lo suficientemente fértil y creativo como para que su arte y extravagancia le dieran lo que más apreciaba en el mundo: el dinero.

Acumuló tanto que llegó a considerarse así mismo “ligeramente multimillonario” pese a lo cual nunca se liberó de la tentación de robar en los hoteles donde se hospedaba. Se llevaba bolígrafos para amontonarlos en un cajón, orinaba sobre ellos y se sentaba a observar cómo se descomponía el óxido mientras le llegaba la inspiración. En 1971 tomó los saleros del restaurante del hotel St.Regis de Nueva York y dio forma a las piezas de un ajedrez que regaló a su admirado Marcel Duchamp. El hurto banal al servicio del arte más exquisito.

Lo que quizá nunca imaginó fue que sus saleros newyorkinos un día pudieran exponerse simultáneamente en Venezuela, Chile, Colombia y España gracias a los avances científicos y tecnológicos que tanto apreció en vida. Ocurrió hace unos meses, cuando el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile (MAC), junto a la red de cocreacción artística Anilla Cultural, fundieron arte y tecnología y proyectaron más allá de los límites físicos del MAC la exposición Marcel Duchamp, Don’t forget, una partida de ajedrez con Man Ray y Salvador Dalí’. Son los llamados ‘Diálogos a través de la ventana’, una iniciativa de visitas guiadas virtuales premiada por el programa iberoamericano IberMuseos.

Acercan el museo a un público que quizá nunca tendría acceso a él“, afirma Francisco Loyo, artista plástico y docente venezolano. Francisco se convirtió en beneficiario del proyecto de un modo casual: fue durante un viaje a Chile cuando se topó con la docente española Gloria Jové (catalana como el Divino Dalí) quien impartía un seminario sobre educación museal en el MAC. Y como las nuevas tecnologías no dejan a uno despedirse del todo, fue ella quien le emplazó a seguir viéndose en la ventana. Así le dio la bienvenida a ese lugar donde los límites no se expresaban en kilómetros, sino en tener o no una conexión a Internet. Una dosis de surrealismo que hubiera complacido al mismísimo Dalí.

Algo hizo crack en mí, obligándome a detenerme. Ese aporte está evolucionando en mi desarrollo personal y se ha instalado como una necesidad de expresión transpersonal con pretensiones colectivas“, afirma Francisco. Unos beneficios que también están modificando su modo de concebir la docencia, la cual está tomando una dimensión más amplia y de calidad. “Un aporte interesante sería cambiar la dirección de la información. ¿Qué pueden aportar los artistas, los colectivos culturales y otros actores sociales? ¿Qué puede aportar la Comunidad ventanas adentro?, se pregunta.

Yaracuy, la región venezolana desde la que Francisco se asoma a la ventana, apenas concentra el 1% de la oferta museística del país. ¿Qué efecto pueden tener las TIC’s para acercar el gran arte a las áreas con menos posibilidades de acceso? “Pueden ser el instrumento definitivo“, afirma Francisco. Y no habla precisamente de cablear o inundar de computadoras los suburbios, sino de un elemento que puede resultar clave para desarrollar el espacio cultural iberoamericano en la región: la identidad. “Si no se logra que los participantes se reconozcan, si las comunidades educativas no promueven el empoderamiento de los alumnos de los conocimientos y los productos que pudieran surgir el impacto de los ‘Diálogos’ será también efímero. El camino está en la difusión integrada y multidireccional, no solo en la responsabilidad de las instituciones de difundir, sino en hacer suyos a sus interlocutores”, afirma.

Dalí llegó a afirmar que en un hipotético incendio del Museo del Prado de Madrid lo único que salvaría de las llamas sería el aire contenido en Las Meninas de Velázquez. “Porque es el aire de mayor calidad que existe y porque es el protagonista de la pintura“, dijo el Divino. De nuevo, el surrealismo cuestionando eso que llamamos realidad. Quizá como esa ventana que ha dejado de ser una simple oquedad entre dos espacios para convertirse en una especie de limbo donde la desigualdad endémica de Latinoamérica parece diluirse al calor de la cultura, donde lo ancestral se funde con las vanguardias. Donde en definitiva, Iberoamérica se hace posible.

José Albil | @Ortizalbil

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