Lo primero que llama la atención de un bebé prematuro es su color violáceo, provocado por una piel tan fina que permite ver, casi como si fuera un cristal, el enjambre de sus vasos sanguíneos. También, una fina capa de vello lanugo que les envuelve el cuerpo; un cuerpo liviano e incapaz de dibujar la posición fetal tan característica en los recién nacidos. Así se presenta la que es, según la Organización Mundial de la Salud, una de las principales causas de mortalidad infantil en el mundo[1].

También, el impactante primer recuerdo que millones de madres guardan de sus hijos, capaz incluso de incapacitarlas a la hora de amamantarlos precisamente cuando éstos más lo necesitan. “Están sometidas a cantidades de emociones que lo hacen más difícil pues se inhiben en situaciones emocionales como tristeza, depresión y estrés”, explica Edwin Jonathan Ortiz, técnico de Banco de Leche Humana del Hospital San Juan de Dios, en la ciudad de Santa Ana, El Salvador.

Es el caso de Santos Doris, Ada Griselda y Dalis Mbel, tres mujeres salvadoreñas que han explicado a Iberoamérica Humana cómo tuvieron que recurrir a los Bancos de Leche Humana para que sus hijos prematuros sobrevivieran. Ninguna de ellas conocía la existencia de este recurso. Una dificultad -la del desconocimiento-, añadida a las limitaciones físicas y psicológicas. “Más que una lechería, es un servicio especializado. Le proporcionamos a la madre consejería y apoyo para superar las barreras emocionales. Y a medida que avanzamos con el proceso, vamos cambiando su actitud pues asumen el compromiso de alimentar a sus recién nacidos”, señala Jonathan Ortiz.

¿Lo excepcional de sus tres historias? Que sus hijos sobrevivieran, por supuesto. Pero también que encontraran los recursos suficientes en Santa Ana.

Brasil, la referencia; Iberoamérica, ¿la expansión? 

A la hora de considerar la lactancia materna como una estrategia útil para reducir la mortalidad infantil, es obligado hablar de Brasil y su Red de Bancos de Leche Humana. A día de hoy, está formada por 353 Bancos distribuidos a lo largo del país, los cuales han beneficiado a más de 180.000 recién nacidos sólo en 2013.[2]

Fue durante el II Congreso Internacional de Bancos de Leche Humana de 2005 cuando se firmó la ‘Carta de Brasilia’, en la cual figuraba el compromiso de proyectarse más allá de Brasil (Punto VIII). Una afrenta que encontró un marco político y de cooperación en la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado de 2007 de Santiago de Chile donde se aprobó la creación de una Red Iberoamericana (en adelante, IBER-BLh). Un propósito, además, alineado con el Objetivo de Desarrollo del Milenio 4, dedicado a reducir la mortalidad infantil. Siete años después, la pregunta es obligada: ¿Realmente IBER-BLh ha facilitado la expansión de la lactancia materna? La respuesta, como siempre, se encuentra en los datos:

Datos diversificación copia

Destaca la progresión en valor absoluto de todos los indicadores. Y basta con calcular el peso que representa Brasil (ver variaciones porcentuales en cuadros azules y rojos) para advertir que capta menos recursos/beneficiarios en favor de una mayor distribución regional. La conclusión es clara: la Red Iberoamericana IBER-BLh, en efecto, es un instrumento diversificador. En el caso de El Salvador con la implantación de tres Bancos de Leche (incluido el de Santa Ana), los cuales han asistido a más de 20.000 mujeres y beneficiado a casi 400 prematuros (Fuente: Informes Anuales IBER-BLh).

Miquele, Alison y Mauricio

Pero IBER-BLh no está exento de problemas. El principal, como señalan los Informes Anuales, la necesidad de aumentar los recursos económicos. En 2013 recibió financiación por valor de 377.420 euros, un 61% menos que el año anterior y muy lejos de los más de dos millones de euros de 2010.[3] Hoy estamos en la cifra más baja desde la puesta en marcha del Programa, algo que debería ser tenido en cuenta en los lineamientos futuros de la Comunidad Iberoamericana que saldrán de la Cumbre de Veracruz.

“La empatía en este proceso debe ser primordial. Es una estrategia que cambia vidas, transforma conductas y rompe mitos”, insiste Jonathan Ortiz, testigo directo de cómo a las pocas semanas, las tres madres salvadoreñas vieron cómo sus hijos empezaron a tomar peso. Y cómo ellas, alentadas por los resultados, mejoraron su capacidad de amamantar, floreciendo al mismo tiempo un espíritu cooperativo para donar y aumentar las reservas de leche humana. ¿Existe una mejor estrategia de sostenibilidad para un programa de cooperación que el compromiso desinteresado de los beneficiarios con los que vendrán después? Quizá no, y es algo que tanto la estrategia brasileña como su proyección iberoamericana ya han logrado. ¿La clave? Tocar de lleno el factor humano.

Hoy, Miquele, Alison y Mauricio (los bebés beneficiarios), crecen fuera de peligro, mientras sus madres recuerdan la experiencia con alivio. Lo demuestran cuando preguntamos qué sienten al ver que sus hijos crecen saludablemente y todas ellas incluyen en su respuesta la palabra “gracias”.

José Albil | @Ortizalbil

[1] Informe ‘Born too soon’, 2012. Link a documento (en inglés): http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/44864/1/9789241503433_eng.pdf?ua=1

[2] Fuente: Fundação Oswaldo Cruz. Link a web: http://www.redeblh.fiocruz.br/cgi/cgilua.exe/sys/start.htm?tpl=home

[3] Informes Anuales. Fuente: Secretaría General Iberoamericana, www.segib.org.

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