Margarita Quirós cursaba cuatro de primaria cuando recibió una de las noticias más importantes de su vida: acababa de ser galardonada con una beca completa para terminar sus estudios en el extranjero. “Pero mi tía y abuela paterna la rechazaron con tal de que no abandonara Costa Rica”, explica Margarita sin obviar que en el fondo, y gracias a la mesura que trae consigo el paso de los años, no fue víctima de una decisión arbitraria contra ella. Con apenas 11 años se acababa de topar con dos de los principales frenos al desarrollo todavía presentes en latinoamérica: ser mujer y vivir en una área rural.

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Margarita Quirós

Lo que vino después de la renuncia fue lo preestablecido socialmente, lo comúnmente aceptado…riesgo vital nulo. O quizá, el mayor riesgo de todos. “Mi vida fue estar encerrada en la casa. A los 13 años empecé a trabajar y me fui a Quepos (capital del cantón de Aguirre, en Puntarenas), donde me puse a laborar en la construcción primero y después en otros trabajos destinados para hombres. Sin embargo, no me pagaban igual que a los compañeros por ser mujer. Desde allí fui a San Vito (cantón de Coto Brus, Puntarenas) y con lo único que una mujer se gana un poco de dinero es recolectando café“, recuerda Margarita.

A día de hoy, San Vito es una de las regiones de Costa Rica con el Índice de Desarrollo Humano[1] más bajo del país, cuyo motor de desarrollo está basado en el sector agropecuario, el café y el azúcar. Además de estar inmerso en una trampa demográfica en la que su población ha decrecido un 4,7% debido a las migraciones[2]. Una posibilidad de cambio siempre presente para Margarita, mucho más cuando escuchó en boca de las lugareñas que, de existir demanda suficiente, iban a instalar en la zona un Centro Integral de Alfabetización para Jóvenes y Adultos (en adelante, CINDEAS). “Y decidí retomar mis estudios, pues deseo un mejor futuro para mí y mi hijo.También para ayudar a mi papá económicamente para solventar su enfermedad “, afirma Margarita.

De la Cumbre Iberoamericana de Chile a Coto Brus

Hablamos de unos centros oficiales cuya labor es desarrollar el ‘Plan de Estudios de Educación de Adultos’ impulsado por el Gobierno de Costa Rica con el fin de universalizar la educación entre sus regiones menos desarrolladas. “Si una persona de 15 años en adelante no sabe ni leer ni escribir, puede iniciar su proceso de alfabetización”, explica Patricia Zamora Lazo, asesora nacional de Educación para Personas Jóvenes y Adultas del Ministerio de Educación Pública. “El estudiante avanza a su ritmo en cuanto al tiempo. Puede hacerlo de manera matutina, vespertina o nocturna. Y es gratuito”, matiza la asesora.

Un propósito -el de la inclusión social a través de un plan expansivo de la educación-, al que contribuye el Plan Iberoamericano de Alfabetización (en adelante, PIA), aprobado en la XVII Cumbre Iberoamericana de 2007 celebrada en Santiago de Chile. “Costa Rica forma parte del comité intergubernamental del PIA”, expone María de los Ángeles Alvarado, directora del departamento de Educación de Personas Jóvenes y Adultas del Ministerio de Educación. “Como delegada de mi país, participo en reuniones técnicas a las que acuden directores técnicos especialistas en educación de los países latinoamericanos”, afirma la directora, remarcando el espíritu cooperativo del PIA, cuya unidad coordinadora radica en Paraguay. “Estos centros nos han ayudado mucho a personas ya mayores a las cuales nos cerraron las puertas de colegios y otras instituciones”, afirma Margarita.

La suya es solo una historia de vida más entre las más de 39.386 personas matriculadas en CINDEAS a lo largo de 2013[3]. También, el efecto real de cómo un acuerdo político sellado en Santiago de Chile surge efecto en una área rural de centroamérica. Un eco -y en el fondo miles de historias humanas que merecen ser contadas-, que quizá está propagándose ahora mismo en El Salvador, Honduras, Nicaragua, Paraguay o República Dominicana tras el apoyo económico del PIA en 2013 a sus respectivos programas de alfabetización y educación básica, a los cuales se han destinado casi cuatro millones de euros[4].

Ahora que estoy a punto de obtener mi título se me han abierto nuevas puertas en lo laboral, tanto que tengo varias ofertas de buenos trabajos y sigo luchando para llegar a la universidad”, asegura emocionada Margarita, quien a sus 31 años (es decir, 20 años después de tener que renunciar a la beca) afronta su último año de estudio. O lo que es lo mismo, su segunda oportunidad en la vida.

José Albil | @Ortizalbil

[1] Atlas de Desarrollo Humano Cantonal de Costa Rica, 2012. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

[2] Información censal: años 2000 y 2011.

[3] Departamento de Análisis Estadístico. Boletín 07/13. (Dirección de Planificación Institucional – Ministerio de Educación Pública de Costa Rica).

[4] El Salvador: 126.529,09 €; Honduras: 234.160,60 €; Paraguay: 3.112.768,99 €; Nicaragua: 378.402,65 y República Dominicana: 85.322,52 €. Fuente: Informe Anual, PIA 2013.

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